Silvia Oramas Pérez

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6,406 km de casa
#iamamigrant
Migrar me ha servido para ser más tolerante con lo que piensan otros, más compasiva por aquellos que tienen una situación peor a la mía.
Silvia Oramas Pérez
Ocupación: 
Periodista
País de residencia: 
Chile
País de origen: 
Cuba

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Desde que tengo uso de razón quiero emigrar. El hecho de que Cuba es una isla me hacía sentir atrapada y yo quería poder explorar otras culturas, conocer gente de todos lados. Ello, unido a la precariedad del país me hizo tomar la decisión. Mi mamá se vino a vivir a Chile en 2015. Yo estaba en el último año de la carrera así que esperé. En septiembre de 2016, junto a dos amigas, me subí a un avión rumbo a Santiago.

La vida en Santiago me parecía tremenda, todo sucede muy rápido en comparación con la pausa en la que vivimos los cubanos y eso me gustaba. Comencé a trabajar muy pronto y fue un cambio de 180 grados en mi vida, viviendo  con dos amigas, planificando mi futuro y haciéndome cargo de mí misma. Nada de eso lo había experimentado antes y fue muy emocionante. También conocí a mi pareja, que como yo había emigrado y estaba armando su vida acá.

Luego de vivir y trabajar en Chile por un año, me gané una beca para estudiar en Madrid, y nuevamente armé la maleta y partí, esta vez un poco más asustada porque ahí si me tocaba enfrentarme a todo yo sola. Fue un año espectacular donde conocí tantas culturas, viajé, me superé y conocí amigos de distintas latitudes que creo serán para toda la vida.

Ahora estoy de nuevo en Chile, un país que me ha dado muchas alegrías y que le tengo un cariño inmenso.

Algo muy chistoso que me ha pasado es que desde que llegué aquí tengo más conciencia de las distinciones de mi acento, ahora me doy cuenta cuando omito las s o las r, y a mis amigos chilenos, venezolanos, argentinos o de otros lugares les hace mucha gracia que no pueda pronunciar bien mi nombre.

Desde hace dos años no visito Cuba, no he visto a mi papá, a mi abuelo, a mis tías y amigos y eso es algo que golpea bastante. Cuando emigras siento que siempre te faltan personas para compartir las cosas buenas y malas que te pasan, cada vez que me sucede algo pienso que ellos no están para celebrarlo.

Espero poder ir este año, que mi novio conozca el lugar donde crecí y le ponga imagen a todas las historias que le he contado.

Emigrar es difícil, yo tengo la suerte de tener a mi mamá y a mi hermano conmigo, pero me faltan otras personas que son fundamentales en mi vida, eso es lo malo. Pero también es tan enriquecedor conocer que a pesar de que tenemos culturas distintas, palabras distintas al final todos los seres humanos somos iguales, sentimos igual, nos entristecemos por las mismas cosas y nos alegramos por las mismas cosas. A mí me ha servido para ser más tolerante con lo que piensan otros, más compasiva por aquellos que tienen una situación peor a la mía y también he incorporado palabras y comidas de distintos países. Me encanta el congrís, pero desayunar arepas es lo más delicioso del mundo, o tomarte un mate, o participar de un rico asado.

 

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