Irvin Umaña

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#iamamigrant
“Vine a Costa Rica huyendo de la persecución de la comunidad LGBTI en Honduras”
Irvin Umaña
Ocupación: 
Desarrollador de software
País de residencia: 
Costa Rica
País de origen: 
Honduras

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Mi nombre es Irvin, tengo 25 años y soy de Honduras.

Vine a Costa Rica a los 21 años de edad huyendo de una situación totalmente aterradora en mi país: la persecución de la comunidad LGBTI en Honduras.

Inicialmente no había pensado en Costa Rica como un país de refugio, usualmente consideraba huir a los Estados Unidos. Sin embargo, ya había tenido la experiencia de ser migrante durante ochos años en Estados Unidos cuando era adolescente, y más bien había regresado a Honduras a tratar de rehacer mi vida. Afortunadamente, Costa Rica se mostró como una oportunidad no solo como destino migratorio, sino también para acceder a la justicia mediante un proceso de refugio. 

Parte de la sacudida en aquel primer año en Costa Rica, fue darme un espacio para entender lo que me había pasado. En Honduras estudiaba Ingeniería Civil. Mis planes de vida estaban más que planificados. Tener que dejar mi proyecto de vida para aparecer repentinamente en otro lugar es de cierta forma desorientador. No obstante, así como le he explicado a mis amigos en Costa Rica, también había algo que me dirigía a hacer lo necesario para garantizar mi seguridad aun entre tanta confusión.

Muchas noches soñaba cómo alguien abría la puerta de mi habitación para matarme. Esto tal vez ocurría por las cosas que viví en Honduras, pero con el tiempo aprendí a dormir en paz. Hice lo posible para no tener que lidiar con los recuerdos y busqué otras cosas en qué concentrarse: ¡puse todos mis esfuerzos en trabajar y seguir estudiando!

Iniciar el proceso de refugio en Costa Rica no fue cosa fácil. Por el contrario, es tan complicado que mucha gente lo encuentre desgastante y deciden regresar a sus países de origen o hacia un tercero. La falta de orientación, el tiempo de espera y un permiso laboral temporal que no es aceptado por muchas empresas, pueden hacer esos primeros meses en Costa Rica muy difíciles.

Reconozco que tengo muchísima suerte y que de cierta forma soy privilegiado. Ahora bien, ser refugiado no implica ser parte de un estado socioeconómico específico, por ende, para muchos el proceso puede ser más difícil que para otros. Mis ahorros, ser bilingüe, y tener cierta formación académica me ayudaron muchísimo. Otros no tienen las mismas herramientas u oportunidades y pueden fácilmente ser víctimas del enfrentamiento burocrático y político.

Unos de mis mayores logros en este país fue ingresar a la Universidad de Costa Rica (UCR). Entre tanto caos, logré mantener la orientación para realizar esto. Además, evidentemente para mí la educación ha sido muy valiosa y siempre ha sido muy fácil entender por qué. Sé que muchas cosas corren con base al privilegio, la desigualdad, la violencia y la ignorancia, pero la educación es una tremenda herramienta para luchar contra estas corrientes. Decidí estudiar Ciencias de la Computación para aprender a programar y así tener independencia y apoyo en medio de la situación en la que me encontraba.

Mi primer semestre en la UCR fue muy simbólico porque representa el esfuerzo que tenía que hacer para obtener cosas buenas. Al mismo tiempo trabajaba en un call center a tiempo completo y llevaba 21 créditos en la universidad. Dormía cuatro horas y estudiaba mientras viajaba en autobús. Sin embargo, terminado el semestre había perdido un curso y además recibido, después de casi un año y medio, la denegación a mi petición a refugio.

En retrospectiva, durante esas madrugadas me levantaba con la música en alto, cantando, imaginándome otra realidad, proponiendo metas académicas, con la ansiedad de evitar recordar la realidad en Honduras. Finalmente, la denegación y la pérdida de ese curso catalizaron un enfrentamiento con esas memorias dolorosas de mi país. No estaba bien de salud, terminé renunciando y tuve que desarrollar una apelación en migración.

Para ese entonces ya tenía varias habilidades para programar páginas Web, lo suficiente como para que me dieran un trabajo por horas en la universidad después de haber sido rechazado múltiples veces por otros empleos debido a que no era residente. Al finalizar el año, ya no tenía ingresos y mis ahorros fueron clave para apenas alimentarme mientras una amiga me daba donde vivir. Esos fueron tiempos difíciles.

Conocí a la Comunidad Casabierta, la cual fue de gran ayuda tras mi segunda denegación a la petición de refugio. El empoderamiento que encontré en Casabierta me ayudó a mantenerme fuerte. Conseguí los fondos necesarios para presentarme ante una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para evidenciar la situación de las personas LGBTI en Centroamérica. Al mismo tiempo continuaba con el proceso en Costa Rica y después de casi tres años y medio pude obtener una audiencia ante el Tribunal Migratorio, en donde demostré mi situación y fallaron a mi favor.

Actualmente tengo un trabajo en una start-up de inteligencia artificial, estoy a tres semestres de terminar mi carrera, y he ganado la segunda beca conmemorativa Pulse LGBTI 2016 por mi trabajo académico en la universidad. Asimismo, mi estado de salud ha cambiado muchísimo desde que he sido reconocido como refugiado. Me siento afortunado de tener lo que tengo. Ha sido un viaje inicialmente aterrador, solitario, y difícil, pero ha resultado en el empoderamiento, nuevas amistades, nuevas habilidades y en mucha paz.

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