Maddalen Yarza

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#iamamigrant
“Lo más bonito que me ha aportado Honduras es la oportunidad de construir una familia”
Maddalen Yarza
Ocupación: 
Oficial de Políticas Sociales de Niñez
País de residencia: 
Honduras
País de origen: 
España

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Llevo más de 6 de años en Honduras. Llegué con 23 años y voy a cumplir 30.

Desde muy joven siempre he sentido muchas ganas de explorar. Con 18 me fui a estudiar a Barcelona. En ese momento fui la más intrépida en la familia porque ninguno de mis hermanos salió de la ciudad.

Antes de terminar la universidad estuve un verano en Colombia, allí tuve mi primera experiencia profesional en Latinoamérica. Más tarde viví unos meses en Guatemala, donde trabajé con Pueblos Indígenas. Para mí, que nunca he sido muy espiritual, esa experiencia tan bonita me sirvió para conocer muchas cosas sobre las creencias y tradiciones de las poblaciones ancestrales y la forma en que ellos entienden el mundo, su cosmovisión.

Después fue cuando llegué a Honduras, con un contrato de un año. Pero desde el inicio supe que quería quedarme más, había estado rebotando en muchos lugares y buscaba más estabilidad. Mira que soy vasca de pura cepa y no conozco gen en mi familia que no sea vasco, pero me siento muy bien en el trópico. Tengo pasión por esta tierra.

Nunca me imaginé ser migrante y conste que soy una de las más privilegiadas. Aunque estoy muy adaptada, aquí también tengo algunos conflictos consecuencia de las diferencias culturales: cuando conduzco, cuando veo las injustas privaciones de las que son objeto tantas personas en Honduras. Pero al mismo tiempo me gusta mucho más la forma que tiene la gente de relacionarse, la calidez, la temperatura. El trópico es salud, el trópico es vida.

Una vez en Honduras, conocí a Gabriel, quien se convirtió en mi compañero de vida y, junto con su hija, en mi familia. Lo más bonito que me ha aportado Honduras es la oportunidad de conocer personas maravillosas que hoy son grandes amistades, pero ahora también, y, sobre todo, construir una familia.

Me enamoré de él y también de su niña, Walkiria. Ella es el epicentro de nuestra vida: tan hermosa, inteligente, cariñosa y dulce. El primer año de convivencia supusieron muchos cambios en nuestras vidas a las que nos hemos ido adaptando poco a poco, pero lo importante es que me siento muy bien, completamente feliz. Convivir con una niña es un regalo, una fuente de conocimiento y sabiduría. Ahora nuestro proyecto es hacer la familia más grande, un proyecto que nos ilusiona mucho a los tres.

He tenido la suerte de trabajar a diferentes niveles por los derechos de la niñez y actualmente trabajo en un organismo internacional de la mano con gobiernos municipales e instituciones a nivel descentralizado, quienes pueden hacer un cambio mucho más inmediato en la vida de las niñas y niños de Honduras.

¿Qué me gustaría hacer en el futuro? Soy una amante de la planificación, de ahí mi pasión por mi trabajo y las políticas públicas, pero también soy una persona que vive el presente, disfruto la vida en toda su extensión. Intento llevar a la práctica la máxima de mi suegra: la vida es hoy.

Mi mensaje para las personas migrantes, especialmente para las y los hondureños, es que no hay que bajar la guardia. Hay que agarrar aliento, seguir adelante y luchar por una Honduras mejor.

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