Sarah

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#iamamigrant
“Creo que en Honduras hay mucho potencial y el mundo no lo sabe"
Sarah
Ocupación: 
Coordinadora de proyectos
País de residencia: 
Honduras
País de origen: 
Francia

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Mi padre trabajaba para el Servicio Europeo de Acción Exterior y durante toda mi infancia tuvimos que viajar bastante. He vivido en Bélgica, Túnez, Corea del Sur, Taiwán y Reino Unido. Quizás por eso yo tengo esa necesidad de establecerme en el extranjero y conocer otras culturas. A las niñas y niños que crecen en entornos de dos o más culturas les llaman third culture, porque hemos asimilado tal variedad de tradiciones que es difícil identificarse bajo una sola nacionalidad o identidad cultural.

Llegué a Honduras por primera vez en 2012. Cuando estaba en Taiwán conocí a muchas personas de Honduras porque el Gobierno de la República de China (Taiwán) tiene unos acuerdos de becas académicas con algunos países centroamericanos. Mis amistades me invitaron a venir y sabía que era la mejor oportunidad para conocer el país. En 2014 regresé para trabajar en una consultoría con la Unión Europea por unos meses. Pero fue finalmente en septiembre de 2015 cuando decidí volver con intención de instalarme. Desde entonces trabajo en la Universidad Tecnológica Centroamericana (UNITEC).

Creo que aquí hay mucho potencial y el mundo no lo sabe, no lo ve. Es como si tuviera un secreto que es Honduras con todas estas experiencias bonitas solo para mí. Debido a la globalización hay muchas costumbres y muchos lugares que han perdido su magia. Aquí, para ver las ruinas mayas de Copán, uno tiene que viajar muchas horas, y es cansado, pero vale tanto la pena.

Mi plan inmediato es seguir aquí: mis proyectos en la universidad son como mis bebés, y los quiero ver crecer. Me gustaría seguir trabajando en la educación y aportar mi granito de arena para que mis estudiantes puedan ampliar su perspectiva, ya que aquí hay mucha influencia de los Estados Unidos.

A largo plazo me gustaría seguir siendo una persona migrante. El intercambio de ideas y de culturas es algo precioso: educa a los jóvenes y ofrece madurez. En mi caso, siento que maduré temprano en mi vida porque, con 10 años, viajé a lugares como Camboya, y experimenté situaciones vivenciales que me hicieron sentir que ganar menos de uno o dos dólares al día no es justo ni digno de un ser humano. Eso me inspiró y me sigue inspirando.

A las hondureñas y hondureños que viven fuera les diría que los admiro mucho y les animo a seguir enfocándose en sus objetivos, en alcanzar sus metas y sus sueños sin perder su identidad. He sido muy bien recibida en Honduras y estoy muy agradecida por ello. Espero que en un futuro cercano la migración no se vea con tanta aprensión, sino que como una oportunidad de crecimiento a nivel personal y a nivel institucional.

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