Obed

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#iamamigrant
“Las personas migrantes hacemos una aportación muy grande”
Obed
Ocupación: 
Asistente de adultos mayores
País de residencia: 
España
País de origen: 
Honduras

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Me crie en una pequeña aldea llamada El Volcán, al norte de Honduras, en la que apenas había energía eléctrica. Cuando tenía 19 años, por cuestiones económicas, tuve que dejar la universidad y comenzar a buscar trabajo. Busqué y busqué cada día durante mucho tiempo pero no logré encontrar. Mi madre estaba en Madrid. Yo nunca me había planteado salir de Honduras, nunca se cruzó por mi cabeza. Pero mis padres me sugirieron que me marchara porque creyeron que era la mejor opción para trabajar y terminar mis estudios más adelante.

Después de dos años y medio sin vernos, fue muy emocionante el reencuentro con mi madre en el aeropuerto. Pero la verdad es que después apenas nos veíamos. Ella tenía tres trabajos: limpiaba una casa en la mañana, una oficina en la tarde y cuidaba a una persona mayor en la noche.

Los inicios fueron muy duros. Uno al principio llega con muchos sueños pero luego me di cuenta de que no era tan fácil encontrar trabajo. Para empezar, el clima: era noviembre y hacía muchísimo frío. Yo no estaba preparado. Tenía apenas 20 años, no tenía experiencia y me encontraba en una situación irregular. Iba a buscar trabajo y me decían: “eres muy joven, no tienes referencias profesionales y no tienes papeles”. Me sentía fatal, pensaba “¿cuándo voy a empezar a cumplir mis metas?”. Además, a los 10 meses de estar en España, mi madre se regresó a Honduras, porque ella tenía que cuidar de mis 5 hermanos. Así que prácticamente me quedé solo.

Por fortuna, me aceptaron en un curso intensivo de geriatría. Cuando lo finalicé me salió la oportunidad de trabajar cuidando de una persona mayor. Con esa persona sigo trabajando hasta el día de hoy.

En los países de destino, las personas migrantes hacemos una aportación muy grande. Muchos extranjeros en España se dedican a cuidar, como yo, a personas mayores que, en ocasiones, están desatendidas por sus familias. Aportamos mucho a estas personas porque les hacemos compañía y les damos cariño.

Los primeros 3 años no fueron fáciles y yo me limitaba mucho. Pero siempre hay un momento en la vida en la que te llega una chispa y te lanzas. Me dije: trabajo durante muchas horas, así que también tengo derecho a disfrutar.

A los 5 años logré regularizar mi status migratorio. El mismo día que me entregaron mi carné de residente compré mi boleto para ir de vacaciones a Honduras. Ha sido el mejor viaje de mi vida. Estaba tan contento que no quería ni regresar a Madrid. Pero para poder seguir ayudando a mi familia tenía que volver a España. Con lo que yo gano aquí puedo resolver mi vida y ayudar a mi familia.

Creo que para crecer en la vida hay que correr a veces algunos riesgos. En mi caso, ha merecido la pena el viaje porque he tenido la oportunidad de conocer mundo, crecer como persona y hacerme más fuerte. Pero lo más importante es que, dondequiera que vayas, conserves tu esencia y que aprendas a respetar a cada quien.

Ahora me planteo siempre la vida aquí. Me gusta que la gente en Madrid es más abierta, capaz de tolerar otras formas de pensar, de vivir y de querer. Eso sí, me encantaría volver a pasar una Navidad en Honduras. 

 

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