Delphine

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"Concibes y construyes tu vida en una dirección durante 30 años y una mañana, de repente, la guerra llega y te lo quita todo."

“La guerra ha cambiado mi vida por completo. He estudiado once años en la Escuela de Danza y de Intercambio Cultural. Me gradué con honores y comencé a trabajar en una gran compañía de baile. Hemos viajado por muchos países. Tenía una buena vida. Pero cuando empezó la guerra, no tuvimos más remedio que irnos”.

“La gente no decide convertirse en refugiados, es el contexto lo que nos fuerza a serlo. La vida en un campo de refugiados no es una vida fácil. Hay enfermedades, prostitución, los niños no pueden ir a la escuela y es difícil encontrar un trabajo”.

“Más tarde escuché  que la moneda de Mauritania, el Ouguiya, estaba mucho más fuerte que el CFA. Yo quería encontrar un trabajo y ganar un poco de dinero para empezar a reconstruir mi vida, así que me fui del campo de refugiados en Ghana, sin saber muy bien qué esperar”.

"No podía permitirme un billete de avión, así que viajé a Mauritania en coche. Me gustó. Vi muchos paisajes hermosos".

“Lo que más me sorprendió el día que llegué, fue el frío. Esperaba encontrarme con un desierto, camellos y un fuerte sol, y en lugar de ello, estaba temblando como si estuviera en París. Afortunadamente, en Nouakchott hay una comunidad Marfileña, así que me dieron algo de ropa de abrigo y mantas para la noche”.

“Estaba muy sorprendida cuando ví todo esos coches y edificios tan grandes y cuando me di cuenta de que la gente  vive sin dificultades. Este país es muy diferente de Costa de Marfil. Mi país es laico, mientras que Mauritania es musulmana, y por eso, muchas cosas están prohibidas, no hay discotecas, ni bares, pero ¿sabes qué? Eso me gusta. Me refiero a que cada país tiene su cultura y sus reglas, me gusta la tranquilidad y el silencio que hay aquí”.

“Me reuní con el Señor Babi, el director del instituto CIMAN, un conservatorio de música. Él me dio la bienvenida como si fuese un padre, y me dijo que podía colaborar con ellos y empezar dando clases de baile”.

 

“Ahora soy una migrante. No es fácil, pero yo soy una mujer fuerte. Mis hijos tienen que volver a la escuela, y necesitamos una nueva casa y una nueva vida. Lo que me gustaría, es pedirles a nuestros líderes políticos que piensen en los pobres, y que detengan los conflictos inútiles. Destruir algo lleva menos de un minuto, sin embargo, hace falta toda una vida para reconstruirlo. Les pido a todos los habitan

Photo: IOM/F.GIORDANI

1,605 km de casa
Delphine
País de residencia: 
Mauritania
País de origen: 
Costa de Marfil

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This migrant's life story touches on the following Sustainable Development Goal(s):